Y yo era una de esas personas.
Diseñaba oficinas. Las Reformaba. Las hacía más bonitas. Más modernas. Más premiadas. Hasta que entendí algo que nadie estaba midiendo.
Las empresas no estaban perdiendo dinero por culpa de sus oficinas. Lo estaban perdiendo por las decisiones que esas oficinas obligaban a tomar.
Y nadie estaba mirando ahí.